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2022-08-17
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Mentes Sanas, Ambientes Sanos

En los últimos años se ha venido adoptando un nuevo término en el área de la medicina denominado epigenética, este hace referencia a todos los factores que intervienen en el desarrollo del individuo y que eventualmente representan un papel importante en la integridad del mismo, algunos de ellos son la alimentación, el ambiente sociocultural y por supuesto la predisposición genética en sí misma; la introducción de dicho término al lenguaje común nos da la facultad de brindar una mayor relevancia a los hábitos saludables y al cuidado integral de la persona como actor clave en la conducta a la vez que en la salud y bienestar social general, por lo tanto se amplía el horizonte de la prevención y acción al tiempo que toman partido actividades que garanticen algún beneficio.

Contrariamente a lo esperado el panorama nacional no es muy alentador en cuanto a indicadores, por ejemplo, en el 2018 la universidad del rosario publicó en su página web: “De acuerdo a los resultados parciales de la última y tercera encuesta realizada de Situación Nutricional la ENSIN 2015 en Colombia, la cual está dirigida a estudiar los comportamientos alimentarios y de estilo de vida de los colombianos, se pudo identificar que uno de cada tres jóvenes y adultos en Colombia presentan sobrepeso (37,7%), mientras que uno de cada cinco es obeso (18,7%)”, lo expuesto es verdaderamente preocupante si consideramos que ese porcentaje demuestra que alrededor de 9.350.000 colombianos tenían obesidad en el 2015, número que por supuesto es mayor actualmente, además en el contexto de hoy en día la OMS ha reconocido que quienes presentan una comorbilidad entre ellas la obesidad tienen una mayor probabilidad de presentar complicaciones médicas si la persona se contagia de Covid-19; de acuerdo a lo anterior, podemos mencionar fácilmente que aunque exista una predisposición biológica, esta se puede contrarrestar con acciones que influencian al individuo, en el caso particular de la obesidad se aplica la buena alimentación, la actividad física, la regulación de horarios, entre otros.

En paralelo a los grandes beneficios que se asocian a los hábitos saludables para el individuo, hallamos una relación con el cuidado al medio ambiente, y lo podemos evidenciar cuando dejamos de consumir productos artificiales empacados en plástico, cuando caminamos o usamos la bicicleta para ir a nuestro trabajo, o en el instante en que alguien decide dejar de fumar, etcétera; adicional a los hábitos saludables, en enlace directo al organismo, encontramos a los intelectuales o teóricos, como aprender un nuevo idioma que se ha relacionado con la prevención del decrecimiento funcional del SNC (Sistema Nervioso Central) y enfermedades como el Alzheimer y la demencia, o la lectura que utiliza todos los mecanismos de comunicación y percepción presentes en el cerebro, ayudando a mejorar la atención, la expresión oral y capacidad intelectual.

Finalmente, es de esta forma como estamos en capacidad de redireccionar nuestro estilo de vida, de manera que, proporcionemos soluciones prácticas que mejoren considerablemente nuestro bienestar y a la vez el de los otros, además nos concientizamos que si bien es cierto que la cultura juega un papel determinante en ciertas condiciones, si se aplican en conjunto otras estrategias de cuidado integral podremos hallar un equilibrio que permita el desarrollo pleno del organismo y que cuente con facultades que le permitan llevar a cabo todos sus propósitos a feliz término.

Por: Selene Niño Pan

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